Información de interés para reumatólogos u otros profesionales del área sanitaria

Unidad multidisciplinar de uveítis

CONSULTA MULTIDISCIPLINARIA DE UVEÍTIS (REUMATOLOGÍA, OFTALMOLOGÍA).

JUSTIFICACIÓN DE UNA VÍA DE ACTUACIÓN EN UVEÍTIS.

La úvea constituye la capa intermedia de las tres que conforman el globo ocular, situándose entre la esclera, por fuera, y la retina por dentro. Es una capa eminentemente vascular en la que se distinguen tres zonas anatómica y funcionalmente bien diferenciadas: la úvea anterior formada por el iris, la intermedia o cuerpo ciliar y la posterior o coroides.

A la inflamación de la úvea se la denomina genéricamente uveítis, incluyéndose en este término tanto las enfermedades que afectan el tracto uveal (iris, cuerpo ciliar y coroides) como las que comprometen estructuras vecinas (vítreo, retina, nervio óptico y vasos). Por tanto, el término genérico de uveítis en la práctica hace referencia a cualquier inflamación de las estructuras intraoculares.

El origen de esta inflamación puede atribuirse a un mecanismo endógeno, ya sea formando parte de una enfermedad sistémica o de forma ocular aislada (síndromes primariamente oculares o uveítis “oftalmológicas”), o a un mecanismo exógeno, sobre todo en relación con agentes infecciosos que afecten el ojo aisladamente o en el contexto de una infección multisistémica.

En el último estudio epidemiológico publicado se encontró una incidencia de uveítis en la población general de 52,4 casos/100.000 habitantes/año y una prevalencia del 0.1%.

El pico máximo de incidencia es entre los 20-44 años, con una incidencia en adultos del 84%, más baja en edad pediátrica (6%) y más alta a partir de los 65 años (12%).

Se sabe también que las uveítis son responsables del 5-20% de los casos de ceguera legal en los países desarrollados, siendo la prevalencia de ceguera causada por uveítis de 10 casos/100.000 habitantes, lo cual da una idea de la magnitud del problema de salud que suponen. En Finlandia, se ha documentado que el 37% de los pacientes con uveítis tienen problemas visuales que hacen que sean considerados legalmente ciegos.

En cuanto a la patología reumatológica un alto porcentaje de enfermedades se diagnostica después de la uveítis. Existen numerosos datos epidemiológicos que relacionan la uveítis con patología reumática. Entre los pacientes con espondilitis anquilosante (EA) la uveítis aparece hasta en un 40% de los casos, o que en los pacientes con el patrón de uveítis identificado como uveítis anterior aguda recidivante unilateral (UAARU) existe alguna forma de espondiloartropatía en más del 50% de los casos. Además, Pato E y cols. y Fernández Melón J y cols., , en una consulta multidisciplinaria de uveítis, encuentran que aproximadamente la mitad de los pacientes con patología reumática asociada se diagnostica “de novo” a partir de la uveítis.

De todas formas la afectación ocular que se pueden asociar a las enfermedades reumáticas, las uveítis son las que presentan una mayor dificultad en el diagnóstico diferencial. En general, cada enfermedad se suele asociar a un tipo de afectación ocular lo suficientemente característica como para permitir una aproximación diagnóstica y terapéutica racional. Es muy importante la caracterización clínica del proceso inflamatorio ocular porque si no se corre el riesgo de realizar un protocolo extenso de pruebas diagnósticas que no suelen llevar más que a confusión y a gastos sanitarios innecesarios.

En la mitad aproximadamente de los pacientes que presentan un cuadro de uveítis no es posible llegar a un diagnóstico etiológico, y son diagnosticados de uveítis idiopática. Sin embargo, muchos de estos cuadros idiopáticos tienen una base patogénica autoinmune y deben ser tratados con antiinflamatorios o inmunosupresores, para lo cual también es frecuente que se requiera la ayuda del reumatólogo. En un 40% de los pacientes con uveítis es posible identificar una enfermedad sistémica, en la mayor parte de los casos reumática. En el resto, la uveítis se debe a cuadros puramente oftalmológicos que no se acompañan de patología extraocular y que no pasan desapercibidos para el oftalmólogo.

La probabilidad de encontrar una enfermedad sistémica asociada a una uveítis es mayor en  las uveítis anteriores y en las panuveítis (alrededor de un 40% en ambos grupos). En la mayor parte de uveítis posteriores el diagnóstico final se corresponde con cuadros infecciosos (toxoplasmosis ocular sobre todo) y en las uveítis intermedias con cuadros idiopáticos.

Una consulta multidisciplinaria de uveítis, en la que estén centralizados los pacientes con esta patología, ayuda a diagnosticar y tratar precozmente, no solamente el cuadro ocular, reduciendo la incidencia de ceguera, sino también ciertas enfermedades reumáticas (un 50% de los casos) e infecciosas, se evita un dispendio exhaustivo, innecesario y costoso en pruebas complementarias y en secuelas y, por último, se promueve la colaboración en la utilización y control del tratamiento inmunosupresor que a veces precisan estas patologías.